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CAPILLA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

 


Capilla de la Virgen de Guadalupe






El  manto cubierto de perlas, piedras preciosas, anillos,
relojes de oro

Frontis de la Capilla de la
Virgen de Guadalupe

 

Esta capilla, situada junto a la Basílica Catedral, fue construida por orden de Fray Jerónimo Méndez de la Tiedra, en las primeras décadas del siglo XVII, en la que fuera Capilla del Obispo Alonso Ramírez de Vergara. Tiene una nave única cubierta por bóveda de cañón corrido, con tambor sobre el crucero. Cuenta con una capilla menor en honor de la Virgen de Luján, cubierta por un fino artesonado tallado en madera.

El obispo de Charcas Alonso Ramírez de Vergara, natural de Extremadura, España tenia una especial devoción a la Virgen Maria, patrona de su comarca. En una ocasión cuando se encontraba de visita en Potosí, conoció a Fray Diego de Ocaña, que en esos días estaba terminando de pintar una Virgen de Guadalupe, para el convento de San Francisco. Lo comprometió para que pintara otra imagen similar para la capilla que haría construir en Chuquisaca.

El fraile Jerónimo llegó a la capital en noviembre de 1601, de inmediato se puso a trabajar, según un relato  del propio Ocaña, hizo la pintura al óleo sin haber tenido maestro alguno en tal arte y sí solo experiencia en las iluminación de imágenes. La pintó en un lienzo "con la ayuda de la misma virgen". El lienzo estaba adherido a una tabla. Posteriormente, sobre el lienzo se colocó una plancha "mitad oro y mitad plata dorada", con caladuras para que por ellas se mostraran el rostro de la virgen y el del niño Jesús.. Según describe Roberto Querejazu, en su obra "Historia de Chuquisaca: "la población chuquisaqueña se enamoró a primera vista de la mamita Guadalupe" . El Dean Larreategui, que salió a pedir limosnas para ello, encontró tal entusiasmo en los vecinos que las primeras dádivas alcanzaron  a 40.000 pesos en "ricas joyas de oro, perlas y piedras preciosas". "Ninguna mujer quedó en la ciudad que no diese algo: anillos de oro, otras joyas, sartas de perlas, esmeraldas, rubíes, etc. etc."que fueron adheridas, pegadas o cocidas al lienzo original . El obispo Ramírez de Vergara, además de hacer construir la capilla, le obsequió otras joyas y entre  ellas su pectoral con siete grandes esmeraldas, que se colocó sobre la corona de oro de la imagen. El traslado  de la Virgen desde la casa donde fue pintada hasta su altar tuvo mucha solemnidad, en su capilla donde el obispo "celebró de pontifical". En la noche se encendieron luminarias en toda la ciudad.

El cariño y la adoración de los fieles se intensificó,  casi unos 200 años después,  la Virgen realizó el primer milagro en 1780, cuando la ciudad fue sitiada por los indígenas dirigidos por Tomás Katari, alias Tupac Katari y sus hermanos, quienes amenazaron saquear la ciudad, "pasando a cuchillo a la población entera". Salvados milagrosamente de tremenda amenaza, después de un año de sitio, el pueblo entero, especialmente  las damas de la aristocracia y miembros de la Real Audiencia de Charcas, en señal de agradecimiento, obsequiaron mas joyas y alhajas a la Virgen. Resulta difícil describir tan fascinante obra de arte en joyería El manto está formado por hileras de perlas, que al entrecruzarse forman  figuras geométricas, de acuerdo con un inventario realizado en 1784, refiere la existencia de 10.565 perlas, cifra que se considera ha sido superada por posteriores donaciones, hasta alcanzar la fabulosa cantidad de 18.000; en el centro de cada una de las figuras  existen anillos con piedras preciosas, en esta área se hallan las delicadas y bellas representaciones de joyería, toros de oro macizo, figuras mitológicas, ángeles tocando diferentes instrumentos, lagartijas, serpientes, dragones de oro con incrustaciones de rubíes, esmeraldas, zafiros y diamantes.
Se puede observar la medalla que el Congreso Boliviano entregó al Libertador Simón Bolívar, quien personalmente obsequió a la Virgen, en señal de agradecimiento por la protección brindada a las tropas patrióticas durante los 15 años de la Guerra de la Independencia.
Los festejos en honor de la Virgen de Guadalupe, construyen uno de los eventos más importantes de cada año en el calendario religioso de Chuquisaca, caracterizados con la solemne procesión de la Virgen que recorre las calles mas importantes del centro histórico de la ciudad. Luego  el fin de semana, más próximo al 8 de septiembre, se realiza la entrada de diferentes conjuntos folclóricos de danzarines que rinden su homenaje  de agradecimiento a la "Mamita Gualala"


LA PINTURA DE IMÁGENES DURANTE EL SIGLO XVIII  EN LA AUDIENCIA DE CHARCAS

Pedro Querejazu Leyton

En el sur de la Audiencia, en la ciudad de La Plata, hoy Sucre, la advocación que adquirió preferencia desde muy temprano es la de la Virgen de Guadalupe. Esta forma iconográfica particular, reproduce la imagen pintada que se venera en la Capilla de Guadalupe, anexa a la Catedral. Por esta razón es que hemos decidido llamarla como Virgen de Guadalupe de Sucre. El origen de esta advocación es la pintura de la Virgen de Guadalupe, realizada en esa ciudad en 1601 por el fraile jerónimo Diego de Ocaña. La obra de Ocaña representa a su vez a la imagen venerada en el santuario de ese nombre en Guadalupe, Extremadura, España. Ocaña debió traer consigo algún grabado representando a la imagen. Héctor Schenone ha encontrado un grabado de artífice flamenco, de fines del siglo XVI representando a la Virgen de Guadalupe, en su altar, con su manto reticulado por perlas y joyas, con dosel y cortinas, y escoltada por ángeles ubicados en las esquinas superiores e inferiores y una cartela al pie, con el nombre.13 Mesa y Gisbert afirman que Ocaña habría pintado otras versiones del mismo tema en otros lugares, como la existente en el Convento de Santa Mónica, pintada Potosí en 160014. En todo caso, está establecido que el pintor Gregorio Gamarra realizó, por esos años, cuando menos dos pinturas: la Virgen de Guadalupe, firmada y fechada por él en La Paz, en 1601, que se conserva en la Recoleta de Cuzco y otra exactamente igual, fechada en Cuzco en 1609, del convento de San Francisco de La Paz, que se exhibe en el Museo de Arte Sacro de la Catedral de La Paz.15 Ambas pinturas de Gamarra siguen fielmente el grabado, muy probablemente traído por Ocaña, incluyendo los ángeles y la decoración de la cartela. Aparte de los ejemplos citados, no hemos encontrado ninguna pintura realizada después de esta fecha, hasta que empezado el siglo XVIII, aparece repetidamente en pinturas realizadas en La Plata y en Potosí. En estas obras la Virgen de Guadalupe está representada en gran formato, mediano y también en pequeño formato e incluso pequeños retablos de madera y de plata, como el de la Colección Esteras de Madrid, o la del Museo Pedro de Osma en Lima.
En el caso de la Virgen de Guadalupe de Sucre, es importante analizar la cronología de ejecución de las pinturas, pues a través de ellas se registra con claridad la evolución de la devoción, manifiesta en la colocación y renovación de adornos y exvotos de orfebrería y piedras preciosas que colocaban a la pintura imagen.

Son muy tempranos los cuatro lagartos que están sobre la parte baja de la túnica; seguidos más tarde por pajaritos y tres galeones. En el segundo tercio del XVIII se le añadió una orla de flores y en el último tercio se le incorporaron dos toros de filigrana de plata que se representan a los pies de la imagen. La famosa joya en forma de sirena que adorna a la Virgen aparece en las pinturas realizadas en los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX.

En las pinturas más tardías desaparece la orla de flores y se hacen evidentes los relojes de oro colocados a la pieza como ofrenda. En la pinturas de principios del siglo XIX se rodea a la imagen con panoplia de armas, cañones y las banderas reales roja y blanca.16 Tras el establecimiento de la República esas banderas se reemplazaron por tricolores bolivianas.

BIBLIOGRAFIA

 Querejazu, Pedro. El Pintor Joaquín Castañón. Revista ARTE Y ARQUEOLOGÍA 8 y 9.
Universidad Mayor de San Andrés. La Paz. Bolivia. 1982-1983. pp. 129-132.
Mesa, José de y Gisbert, Teresa. Holguín y la pintura virreinal en Bolivia. 2ª Ed. La Paz,  Bolivia, 1972. p. 72.
Ob. cit. p. 38. fig. 54.